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lunes, 13 de noviembre de 2017

Coloquio en Valencia: Cultura contra el fascismo

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Después de muchos meses de trabajo en colaboración con la Fundación Nicolás Guillén, ya podemos anunciar que tenemos una cita con la cultura antifascista, con la solidaridad internacionalista y con Cuba, el 17, 18 y 19 de este mes en Valencia, y coincidiendo con el #80Aniversario del #CongresoDeIntelectualesEnDefensaDeLaCultura

Nos acompañarán autoridades de la cultura, la política, la academia y la lucha antifascista como Guillermo Toledo, Javier Couso, Lucía Sócam, Pascual Serrano, David Becerra y Denia García, Caridad Massón, Nicolás Fernández Guillén de la Fundación Nicolás Guillen RD junto a muchos compañeros más.


Más info: http://asociacionjosemartivalencia.org/?p=6057#comments

domingo, 12 de noviembre de 2017

Max aub: del compromiso a la imaginación

Representación de la obra De algún tiempo a esta parte de Max Aub, dirigida y representada por Esther Lázaro.
Conferencia de introducción"Max aub: del compromiso a la imaginación" a cargo de David Becerra Mayor (Université catholique de Louvain).

Lunes, 13 de noviembre, Gante (véase cartel)

Martes, 14 de noviembre, Instituto Cervantes de Utrecht: http://utrecht.blogs.cervantes.es/2017/11/01/de-algun-tiempo-a-esta-parte-obra-de-max-aub-een-toneelstuk-van-max-aub/

Jueves, 15 de noviembre, Université libre de Bruxelles: https://www.spainculture.be/es/region/bruselas/max-aub

viernes, 13 de octubre de 2017

Antonio Gramsci Jr.

Ya a la venta La historia de una familia revolucionaria. Antonio Gramsci y los Schuct, entre Rusia e Italia de Antonio Gramsci Jr.

Traducción de Mara Meroni
Prólogo de Juan Carlos Monedero
Director de la colección: David Becerra Mayor

Más información: http://www.hojadelata.net/tienda/la-historia-de-una-familia-revolucionaria/

viernes, 22 de septiembre de 2017

Homenaje a Julio Rodríguez Puértolas

Cuando se publicó Historia social de la literatura española (en castellano), un manual desmitificador de la Historia de España y su literatura, un periódico independiente y de la mañana –hoy: el periódico global– calificó a sus autores de estalinistas e inquisidores, de ignorantes y marxistas vulgares. Estábamos en 1978, en plena transición, y remover el pasado no convenía demasiado: se estaba fijando un relato y todo acercamiento desde abajo a nuestra historia, toda tentativa de construir una historia social de lo que fuera, incluso de la literatura, molestaba. El relato oficial se estaba construyendo desde arriba y estaba protagonizado por los de arriba: grandes hombres que con grandes gestos nos trajeron la democracia y la posibilidad de vivir en libertad. Como si la democracia fuera una concesión y no una conquista. Cuando los de arriba escriben casi siempre borran de la historia a los de abajo. Pero hubo oposición a ese relato que se estaba construyendo, también en el ámbito cultural, también en el ámbito literario. Historia social de la literatura española es testimonio y parte implicada de la batalla cultural de aquella transición, y en sus páginas relampaguea la posibilidad –y la esperanza– de que otra historia pudo haber sido posible.

Julio Rodríguez Puértolas fue, junto con Carlos Blanco Aguinaga e Iris M. Zavala, uno de los autores de Historia social de la literatura española. Al concluir su tesis doctoral bajo la dirección de Dámaso Alonso, realizó un lectorado en Inglaterra y a continuación trabajó como profesor de literatura española en distintas universidades norteamericanas, llegando a ser el catedrático más joven de la Universidad de California en Los Ángeles. Tras varios años en Estados Unidos, decidió regresar a España porque, como él mismo afirmó en una entrevista, «pensaba que enseñar lo que más o menos sabía de literatura podía tener más sentido social y político en España que en América». Sin embargo, como también él mismo contó, el regreso no fue sencillo y tuvo que enfrentarse a «oposiciones siniestras, terribles, degradantes, injustas (…). Finalmente llegué a saber, porque de todo se entera uno, que mi caso había sido discutido en un tribunal y el principal argumento que tenían contra mí era éste: ‘Ni un rojo más en la Universidad española’. Y esto era ya en el año 78, en la democracia». Finalmente entró y con los años fue nombrado catedrático de Literatura española en la Universidad Autónoma de Madrid.

Marxista y seguidor de Américo Castro, Julio Rodríguez Puértolas propuso un acercamiento antiesencialista a la literatura e incorporó a los estudios hispánicos una perspectiva histórica y radical: «la literatura no es sino una rama de la historia», decía. Y empezó a releer los clásicos de la literatura española, desde El Cid hasta Fortunata y Jacinta, pasando por La Celestina o El Quijote, desde otro lugar, desde un lugar radicalmente histórico. Sus libros De la Edad Media a la Edad conflictiva o Literatura, historia, alienación son una muestra del enfoque de Julio Rodríguez Puértolas. En la «Nota previa» de la Historia social… reivindicaba el ejercicio de una crítica literaria realista, que consistía en «la comprensión de cada texto, en sí, en su relación con otros textos, y en la relación de todos ellos con las ideologías y las cambiantes estructuras sociales en que se originan. Sólo desde esta perspectiva dialéctica, contra todo positivismo y contra toda visión idealista de la Historia, ha de ser posible una verdadera historia de la literatura, una crítica literaria realista».

Pero no solo se enfrentó a la tradición y a la relectura de los clásicos; también desenmascaró a los intelectuales orgánicos del franquismo que, de pronto, de la noche a la mañana, se despertaron demócratas y nos hicieron creer que eran demócratas de toda la vida, y que si en España había democracia se lo debíamos a ellos, y solo a ellos. Historia de la literatura fascista española fue un ejercicio de transparencia que puso luz a tanta oscuridad convenientemente diseñada. Como dijo César de Vicente Hernando, autor del epílogo que cierra el libro, Historia de la literatura fascista constituye «uno de los mayores estudios sobre el fascismo en España y el más exhaustivo de los dedicados a historiar la literatura escrita al servicio del régimen político surgido de la sublevación militar contra la Segunda República española el 18 de julio de 1936». No es casualidad que Historia de la literatura fascista apareciera en la Guía Bibliográfica de 2003, el Índex de Libros Prohibidos del Opus Dei, con grado de peligrosidad número 5, lo que, según reza la leyenda que acompaña al documento, es un libro que «no se puede leer, salvo con un permiso especial de la delegación».

«¿Qué hacemos con todo esto?», se preguntaba Julio Rodríguez Puértolas en sus clases tras exponer una serie de elementos aparentemente contradictorios que aparecían en los textos literarios. Pues bien, ¿qué hacemos nosotros con todo esto, con todo su legado, con todo el magisterio que nos ha dado, ahora que Julio Rodríguez Puértolas acaba de fallecer? Retumban en nuestras cabezas esos versos que escribió. Porque Julio Rodríguez Puértolas también era poeta:

Es la hora, termina la clase.
En la pizarra quedan nombres que tuvieron sentido,
palabras ya sin objeto:
Neruda, dialéctica, amor.

Nuestro deber –el deber de sus discípulos– es, entre otras cosas, que nadie pase el borrador por la pizarra.

Nos queda su obra, pero esto hoy no es consuelo, cuando lo único que nos queda –y sentimos– es su ausencia. Hoy preferiría escribir sobre otras tantas cosas que nos unieron, sobre las botellas que no querían abrirse, el sofá azul, algún corrido mexicano o la Pastora Marcela. Hoy me gustaría hablar de estas cosas y esperar a mañana para reivindicar su obra, para custodiar su legado crítico, teórico y literario. Me gustaría detenerme un momento a mirar fotografías. Pero es urgente que nosotros, sus discípulos, emprendamos desde hoy mismo la tarea de mantener viva esa luz que relampagueaba y que nos dice que otro mundo –y otra literatura—es posible. Teniendo en cuenta lo fuerte que soplan los vientos huracanados de la desmemoria, es mejor no dejar para mañana lo que se puede olvidar hoy.

Sabemos que no existe el cielo, pero sí la memoria. Y allí vivirás siempre entre nosotros. Un fuerte abrazo, Julio, amigo, maestro; ya te echamos de menos.

Entrevista Radio3

A partir del minuto 50, entrevista sobre El realismo social en España. Historia de un olvido, en Efecto Doppler de Radio 3:

http://www.rtve.es/alacarta/audios/efecto-doppler/efecto-doppler-misterio-del-universo-20-09-17/4236039/

martes, 19 de septiembre de 2017

miércoles, 13 de septiembre de 2017

The Objective - entrevista sobre "El realismo social en España"

David Becerra, contra la ideologización del canon


Anna Maria Iglesia


Foto: David Becerra
David Becerra
Tras La novela de la no-ideología y La guerra Civil como moda literaria, David Becerra publica ahora El realismo social en España. Historia de un olvido (Quodlibet). Si bien es cierto que el objeto central de su último trabajo es la reivindicación literaria y política del realismo socialista, Becerra prosigue con las indagaciones en torno a la conformación del canon literario español, subrayando la idea de que el concepto de “calidad literaria” no ha sido –no es- más que una excusa para “olvidar” obras literarias que ponían en entredicho el relato –el mito- de la Transición. El olvido de autores como López Salinas o López Pacheco responde a la misma lógica que se impone cuando la Guerra Civil se convierte en una moda literaria: eliminar cualquier elemento que ponga en entredicho el relato de consenso confeccionado en la Transición.

A priori, tu ensayo es una reivindicación del realismo social y de sus autores. Sin embargo, ¿podríamos decir que la idea última es una crítica a la construcción del canon literario español a partir de un uso ideológico del término “calidad literaria?

Exacto. Cuando se estudian unas obras literarias que han sido borradas o expulsadas del canon, que hemos dejado de leer y que hemos olvidado, en cierta manera estamos obligados a hacer también una crítica al modo en que se ha configurado ese mismo canon literario que las ha expulsado. Un canon no es una construcción inocente en el que únicamente participan argumentos estrictamente literarios; es también una construcción ideológica. Las obras que se incorporan a la tradición literaria son aquellas que en cierto modo legitiman el orden actual de las cosas. Por esta razón, aquellas obras que podrían contradecir, o al menos poner en cuestión, el relato que a la sociedad española se le ha impuesto desde arriba, dejan de leerse. Porque son obras que perturban, molestan, disienten. Claro que para que un discurso ideológico sea eficaz no puede evidenciar nunca su ideología de forma explícita, y allí entra el juego la tan cacareada “calidad literaria”: se nos dijo que no convenía leer estas novelas porque eran torpes, ramplonas, estaban mal escritas, que en ellas lo “literario” se sacrificaba a favor de lo político, etc. Y finalmente nos convencieron de que no valía la pena dedicar nuestro tiempo a leerlas, no porque fueran novelas políticas sino porque eran malas novelas.

Sin embargo, ¿no era así?

Basta leerlas para comprobar que no son en absoluto malas novelas, incluso si las evaluamos según los códigos y los esquemas de análisis de los productores del gusto. Pero, independientemente de esto, desde el punto de vista del historiador de la literatura, son novelas que conviene leer y estudiar, ya que nos hablan de un periodo histórico fundamental del siglo xx español, y no tenerlas en cuenta supondría renunciar a extraer una visión de conjunto de lo que es la historia –y la historia literaria—de la España del siglo xx. Un historiador no debe estudiar solo lo que obedece a su gusto, debe estudiar todo aquello que resulte significativo para una mejor comprensión de la historia y de la historia literaria. Y estas novelas, aunque pretendan negarlo, sin duda lo son. Por eso es fundamental rescatar y leer estas novelas.

¿El relato de la Transición fue el fin último de la construcción de un canon literario que necesitaba “olvidar” el realismo social para poder construir un relato de la Transición sin fisuras?

El relato, o el mito, de la Transición se construye de la siguiente manera: dos grandes hombres con grandes gestos deciden traer la democracia a España. Pero las cosas no fueron exactamente así. La democracia no fue una concesión, sino una conquista de hombres y mujeres que, durante muchos años, lucharon oponiéndose a la dictadura franquista. Esos hombres y mujeres que no salen en el relato oficial sí aparecen, con gran protagonismo, en las novelas del realismo social de los años cincuenta y sesenta.

David Becerra, contra la ideologización del canon
Portada de “El realismo social en España” editado por Quodlibet

Es decir, el realismo social da voz a la silenciados por el relato oficial.

En estas novelas vemos cómo las clases subalternas de la sociedad española poco a poco van elevando su conciencia, empiezan a organizarse y a luchar contra una sociedad injusta. En las luchas que emprenden los personajes de estas novelas está el germen de lo que será la lucha antifranquista de los años sesenta y setenta, la lucha que modificará la correlación de fuerzas y que obligará a las élites franquistas a acostarse franquistas y a despertarse demócratas para sobrevivir en los nuevos tiempos. Pero esas élites no trajeron la democracia, la democracia se conquistó luchando en la calle. Y eso es lo que queda fuera del relato de la transición. Estas novelas nos recuerdan quiénes son los que lucharon, por eso, molestan y ha sido mejor olvidarlas.

En tu ensayo sostienes que estas novelas muestran “las huellas de revolución y ruptura que situarían al régimen en una desfavorable correlación de fuerzas” ¿Esta correlación de fuerzas tiene su origen en el desarrollismo económico?

La incorporación de la España de Franco al bloque capitalista pasa por la aceptación de las recetas económicas FMI y OCDE, es decir, reducción de gasto público, privatizaciones, liberalización del mercado, etc. Son los años en los que el franquismo sale de la autarquía de posguerra para desarrollar una economía capitalista. España empieza a crecer, a desarrollarse, pero como nos recuerdan una vez más estas novelas –y La mina es un ejemplo muy claro– este crecimiento se debe fundamentalmente a la explotación laboral, los bajos salarios, la falta de inversión en seguridad, etc. Pero, del mismo modo, los excedentes que genera esta economía les van a permitir a los trabajadores aumentar su poder adquisitivo y empezar a formar parte de la sociedad de consumo. Hay una frase del ministro de Vivienda de Franco que es muy significativa: convertir a los proletarios en propietarios. Los proletarios se convierten en propietarios y poco a poco empiezan a formar parte de la llamada clase media. Podríamos pensar, como de hecho se piensa, que por medio del consumo el capital domestica a una clase trabajadora que a medida que ve aumentar su poder adquisitivo y se adentra en la sociedad de consumo empieza a olvidar sus reivindicaciones de clase.

¿Una especie de alienación?

Aunque en realidad el argumento funciona, no fue exactamente así, ya que esto supondría otorgarle demasiada inteligencia estratégica al capital. Creo que el aumento del poder adquisitivo de la clase obrera tampoco es un regalo, sino el resultado de sus luchas.  

Dice Bértolo que el “certificado de homologación” recae solamente en aquellas obras que tienen como “espacio narrativo la alienación existencial de las clases medias” ¿Podemos afirmar que el realismo social ejerció y, en parte, ejerce como relato contra-hegemónico?

Sin duda. Y en las palabras de Constantino Bértolo que citas creo que está ya la respuesta. Pero vamos a ponerle nombre: Tiempo de silencio, por ejemplo, que es una novela muy interesante y nos ofrece una riquísima radiografía de la sociedad española de la época, ha recibido ese “certificado de homologación” precisamente porque habla de la alienación existencial de las clases medias, no de cómo la explotación laboral de la clase obrera –que en ocasiones acaba con la muerte– es la que permite el desarrollo de las fuerzas capitalistas en España.  

Hablamos de realismo social, pero en verdad tú terminas reivindicando el realismo socialista. ¿Todavía hoy, como diría García Hortelano, hay pudor en hablar de realismo socialista y a qué se debe?

En un momento del ensayo siento la necesidad de establecer una distinción entre realismo social y realismo socialista para poner un poco de luz en la confusión terminológica que existe en este campo de estudio. Porque normalmente, y bajo la etiqueta de “realismo social”, se encuentran novelas que no tienen nada que ver unas con otras. La diferencia entre realismo social y el socialista es su intención “implicativa”: si el realismo social indaga la realidad que describe para explicar, de manera sociológica, cómo las condiciones sociales determinan la conducta de los seres humanos, el realismo socialista describe la realidad con la intención de transformarla políticamente. Sin embargo, seguimos hablando de “realismo social”. No sé si, como decía Hortelano, se trata de pudor, pero de lo sí que se trata, seguro, es de política.  La ideología literaria dominante, que concibe la literatura como un discurso autónomo que no interviene en lo político y en lo social, desplaza de la esfera pública discursiva cualquier proyecto literario que tenga, entre sus pretensiones, la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, una sociedad sin explotación. Por eso siguen existiendo, todavía hoy, tantas reticencias a llamar a las cosas por su nombre.

David Becerra, contra la ideologización del canon 3
Portada de “La mina” de Armando López Salinas | Imagen vía Akal Literaria

En su crítica de La Mina, Belén Gopegui desarma la crítica literaria. ¿La afirmación de que lo político se imponía a lo literario era, por tanto, una excusa, una “ignorancia interesada” en vistas a crear un conveniente sistema literario?

El análisis de Belén Gopegui, que incorporo a mi libro, es muy interesante, ya que en él se muestra la doble vara de medir que utiliza la crítica cuando desprecia una novela como La mina. Si el protagonista de La mina, dice Gopegui, hubiera sido «escritor o piloto de avión, pianista, detective, profesor de universidad, y si su trayectoria hubiera estado descrita con los exactos recursos literarios que encontramos en La mina, La mina sería ahora una gran novela». Por lo tanto, sí, comparto plenamente el diagnóstico de Bértolo cuando habla de “ignorancia interesada”: nos hicieron creer, como decía al principio, que eran novelas que estaban mal escritas y por eso dejamos de leerlas, que por su proyecto político estas novelas maltrataron el estilo y el lenguaje, y que por lo tanto eran poco literarias. No convenía leerlas, y nos convencieron. Todos estos años de olvido demuestran que nos terminaron convenciendo. Por eso es tan importante volver a leerlas y a estudiarlas.  

¿Crees que este sistema literario, conformado y asentado durante la Transición, gracias en parte a la prensa escrita, empieza hoy a desquebrajarse?

Creo que sí. Y lo creo por dos motivos: el primero es porque en los últimos años, y coincidiendo con la crisis del régimen del 78, se han empezado a cuestionar también a los intelectuales orgánicos del régimen del 78. Libros como La desfachatez intelectual de Ignacio Sánchez Cuenca, La nación singular de Luisa Elena Delgado o El cura y los mandarines de Gregorio Morán, pero también las críticas que han recibido autores como Javier Cercas, Antonio Muñoz Molina, Javier Marías o Arturo Pérez-Reverte –que ellos han leído como si de una crítica personal se tratara–, demuestra que todo un sistema de ideas y de valores se está desquebrajando. Eso es, en parte, una crisis de régimen: la ruptura de un consenso, que no es solo político sino también –y, sobre todo– cultural.

¿El segundo motivo?

El segundo motivo acaso se encuentre en la búsqueda de nuevos referentes justo cuando los viejos referentes empiezan a ser cuestionados. Es muy interesante observar cómo, en estos años de crisis de régimen, la sociedad española ha empezado a leer de otra manera su tradición literaria y ha empezado a buscar y a rescatar obras que habían sido olvidadas. Un ejemplo claro acaso se encuentre en Tea rooms de Luisa Carnés, una novela de los años treinta que nunca se había publicado en democracia, y que ha publicado recientemente Hoja de Lata, y que lleva ya, si no he perdido la cuenta, cinco ediciones. La sociedad española necesita conocer su pasado y también desenterrar a los autores y autoras que hemos olvidado. Queremos conocer otro relato de nuestra historia, porque ya no nos creemos más la historia que nos contaron. Con El realismo social. Historia de un olvido, como previamente hice con mi edición crítica de La mina de Armando López Salinas, quiero contribuir al rescate de una literatura olvidada, a la construcción de una historia distinta.

David Becerra, contra la ideologización del canon 2
Portada de Tea Rooms de Luisa Carnés | Imagen vía Hoja de Lata

En otros textos tuyos te has mostrado muy crítico hacia la representación literaria que, en parte, todavía se hace de la Guerra Civil y la Transición.

No quería decirlo, pero sí, yo también he intentado poner mi granito de arena en esa ruptura del consenso cultural. Mis ensayos La novela de la no-ideología (Tierradenadie, 2013) y La Guerra Civil como moda literaria (Clave Intelectual, 2015) iban en esta dirección. Los dos ensayos tienen en común la crítica radical a la narrativa y la ideología literaria dominante en España de las últimas décadas. Es decir, una literatura donde lo político y lo social desaparece, se borra, se desplaza a favor de una lectura de los conflictos en clave individualista, psicologista o moral; en estas novelas todo el conflicto se encuentra en el yo, en el interior del individuo, la verdad nunca está ahí fuera. Según estas novelas, lo que nos pasa nunca tiene una causa política, por lo tanto, para resolver lo que nos pasa no es necesario hacerlo políticamente, sino individualmente. No hay que luchar contra el sistema para resolver el conflicto, hay que luchar contra nosotros mismos, adaptarnos a las circunstancias, como dicta la lógica neoliberal. 

Fuente: http://theobjective.com/further/david-becerra-contra-la-ideologizacion-del-canon/

martes, 29 de agosto de 2017

El confidencial - El realismo social en España. Historia de un olvido

 Víctor Lenore


David Becerra Mayor es uno de los críticos más rigurosos y tenaces de nuestro panorama cultural. Doctor en Literatura Española, público el demoledor 'La Guerra Civil como moda literaria' (2015), donde explicaba la dulcificación y desactivación política de la mayoría de los relatos sobre el levantamiento fascista. Su intención siempre ha sido descubrir los hilos invisibles que dominan nuestra narrativa. Queda claro, ya desde el título, en obras como 'La novela de la no-ideología' (2013) y 'Convocando al fantasma. Novela crítica en la España actual' (2015). Denuncia el rechazo de nuestra industria cultural a reconocer el valor artístico de los escritores que nos muestran el lado más conflictivo del país.

Ahora publica 'El realismo social en España. Historia de un olvido' (Quodlibet), que podemos describir como la crónica de un enterramiento interesado, que busca ocultar una parte crucial de nuestro pasado reciente.

PREGUNTA. ¿El problema que tenemos es una crítica literaria demasiado de derechas?
Portada
RESPUESTA. No diría tanto. Más bien, forma parte del bloque histórico que ha dominado España en las últimas décadas. De manera consciente o inconsciente, la crítica reproduce el consenso de la Transición y el consenso neoliberal. Por un lado, menosprecia aquellas obras literarias que cuestionan el relato de la Transición. Por ejemplo 'La mina' de Armando López Salinas, escrita y publicada en 1959, que nos habla de cómo se va construyendo un movimiento de resistencia popular durante la conformación del llamado desarrollismo económico franquista. Los protagonistas, pertenecientes a la clase obrera, elevan su conciencia para mejorar su situación y en muchos casos pierden la vida peleando por un futuro mejor. Ellos son una parte importante de quienes luego lucharán por la libertad y la democracia en España. Porque conviene recordarlo: la democracia no es una concesión de los poderosos, como reza el relato de la Transición, que convierte en protagonistas de la historia al rey y a Adolfo Suárez. La democracia es una conquista.

P. ¿Se usa el concepto de 'calidad literaria' con motivos políticos?
La ‘calidad’ funciona como un subterfugio. La crítica no va a anunciar de forma explícita que arranca estas páginas de la historia de la literatura porque son obras que ponen en entredicho el consenso de la Transición. La crítica, para ser eficaz, tiene que parecer crítica. Y se utilizan argumentos de calidad para ello. Nos han convencido de que no debemos perder el tiempo leyendo estas novelas porque están mal escritas, porque son torpes en su estructura literaria, porque su lenguaje es vulgar, etcétera. Son argumentos que podemos asumir acríticamente si no hemos leído esos textos, pero que se deshacen cuando das una oportunidad a 'Central eléctrica' de Jesús López Pacheco o 'La piqueta' de Antonio Ferres, entre otras.

P. ¿Sigue funcionando ese truco?
R. Sí. De hecho, en España, con algunas excepciones, la crítica literaria no hace críticas negativas, sobre todo cuando se trata de autores españoles. Solamente encontramos críticas negativas a novelas con un planteamiento político, con un compromiso social.

P. ¿Nos puedes poner un par de ejemplos?
Portada
R. Recuerdo cuando Belén Gopegui publicó 'El padre de Blancanieves' (2007) .El objetivo de los protagonistas consiste en hacer política en el puesto de trabajo y tratar de transformar el mundo desde el lugar en el que se producen las mercancías. Su propuesta nada tiene que ver con la lucha obrera tradicional. Para llevar a cabo su acción, los personajes, fuera de partidos políticos y sindicatos, se reunían en asamblea, en una estructura organizativa horizontal, verdaderamente democrática. La crítica, además de lamentar el modo en que Belén Gopegui sacrificara su talento al poner la literatura al servicio de una causa política, de hacer de la literatura un sermón, acusó a la escritora de nostálgica, de hablar de una juventud que ya no existía, de estar cometiendo un anacronismo al hacer pasar como un acontecimiento del presente una forma de organización política que había desaparecido en la década de los setenta.
Cuatro años después, tuvo lugar el 15M, cuya forma de organización se asemeja mucho a la que mostraba Gopegui en su novela. No es que los jóvenes de la Puerta del Sol, y de las otras plazas de nuestra geografía, hubieran leído 'El padre de Blancanieves' y, para organizarse, se inspiraron en los personajes. Nada de eso. Simplemente, en la novela de Gopegui estaba el germen, el malestar de una sociedad que empezaba a buscar la política en otras partes, situándose en los márgenes de los centros de poder. Gopegui lo buscaba en la literatura y la ciudadanía lo encontró en las plazas. Supo anticiparse y advertirnos que, como se dice en la novela, "la catástrofe se acerca: están dispuestos a arramblar con todo".

P. ¿Me das otro ejemplo?
R. Más reciente es 'Made in Spain' (2014) de Javier Mestre, una novela sobre la imposibilidad de un capitalismo con rostro humano en una fábrica de zapatos en el País Valenciano. La crítica, claro, se despachó a gusto y la tildó de maniquea, habló de su “banalidad discursiva”, de su “excesivo prosaísmo” y sus “reiteraciones”. Es decir, los mismos argumentos que han esgrimido tradicionalmente para desterrar el realismo social.

P. Tu ensayo afirma que el realismo social de mitad del siglo XX fue un sustituto del periodismo, ya que el franquismo prohibió la prensa libre.
R. Ese era uno de los objetivos de estas novelas, tal y como lo escribió Juan Goytisolo en su ensayo 'El furgón de cola'. Goytisolo planteaba que, a falta de medios de información veraces en España, la función de la literatura era suplantar la función del periodista para de este modo corregir el desajuste que existía entre la realidad “real” y la realidad “contada” por los aparatos de prensa y propaganda de Franco. En este sentido, estas novelas sí nos permiten conocer la vida de los de abajo. De hecho, Goytisolo decía en su ensayo que la función testimonial de estas novelas obligaría al futuro historiador de la sociedad española a acudir a ellas para “reconstruir la vida cotidiana del país a través de la espesa cortina de humo y silencio de nuestros diarios”.

P. Otra tesis crucial de 'El realismo social en España' es que la censura de mercado es tan eficiente o más que la de Estado.
R. El mercado literario convierte al lector en un cliente y, como se sabe, el cliente siempre tiene la razón. No hay que morder la mano que da de comer. Como buen vendedor, el novelista tiene que agasajarle, mimarle, seducirle. En este sentido, el crítico Ignacio Echevarría decía, con suma ironía, que hemos pasado de la novela social a la novela sociable. Entonces, y como afirma Constantino Bértolo en su libro 'La cena de los notables', la poética de los escritores en la actualidad no es otra que el marketing. Esto genera estrategias de censura y autocensura, formas de domesticación del pensamiento, que no me atrevería a afirmar si son tan represivas como las que ejerce una dictadura, pero sí son al menos tan eficientes en la medida en que impiden la libre circulación de pensamiento crítico.

domingo, 23 de julio de 2017

Narrativas del país. Universidad de Verano de Podemos.

Debate "Narrativas del país. Pretérito imperfecto" en la Universidad de Verano de Podemos, Cádiz.8 de julio de 2017. Participan: Cristina Fallarás, Benito Zambrano y David Becerra.



Participación en Mesa Redonda - Cubavisión

Programa Mesa Redonda.
Intelectuales antimperialistas españoles o residentes en España que recientemente celebraron junto a colegas cubanos el 80 aniversario del II Congreso en Defensa de la Cultura, animan los debates en torno a la responsabilidad y el compromiso de los creadores con sus sociedades.
Intervienen: Carmen Domingo, Pascual Serrano, Carlo Frabetti, David Rodríguez y David Becerra Mayor.
Emitido: 21 de julio de 2017. Cubavisión. 

sábado, 17 de junio de 2017

InfoLibre - El regreso de Luisa Carnés

Clara Morales

Daniel Álvarez y Laura Sandoval, editores de Hoja de Lata, exhiben con orgullo una fotografía. En la pantalla del móvil se ve a una chica joven de pie en un vagón del metro de Madrid, enfrascada en su lectura. La portada reza: "Tea Rooms. Mujeres obreras". La autora: Luisa Carnés. La menciona de nuevo Juan Ramón Puyol, nieto de la escritora, con la misma satisfacción. Hace un año, ni él, ni nadie de su familia, ni los editores del volumen podían soñar con esa imagen. Hace un año, esa joven no conocía a la autora que ahora lee. Tampoco lo hacían las otras 4.000 personas que se han hecho con el libro. Seguramente, tampoco la conocían los funcionarios del Ayuntamiento de Madrid que ahora ultiman los detalles para poner una placa en su honor en la calle en la que vivió.

El proceso de recuperación de la memoria de Luisa Carnés ha sido vertiginoso. Hasta el verano de 2016, los herederos de esta escritora de origen obrero, autodidacta y comunista aspiraban humildemente a que un reducido círculo de académicos contara con ella en sus estudios sobre la Generación del 27, sobre los autores españoles exiliados a Latinoamérica tras la Guerra Civil. El contacto con los lectores de hoy parecía todavía lejano, y acaso imposible. Pero llegó la publicación de Tea Rooms por Hoja de Lata, sello asturiano a cargo también de Trece cuentos (1931-1963), en librerías desde hace unas semanas. Si la lectora del metro es el último eslabón de una cadena de memoria, los editores serían el penúltimo. Antes de ellos, familiares, amigos y estudiosos tuvieron bien presente el rostro de la escritora. Así es cómo se salvó el nombre de Luisa Carnés de la crueldad del olvido. 

Quienes sí la recordaban eran, claro, sus familiares. Ramón Puyol, el hijo por el que se puso a trabajar como empleada de una confitería en jornadas de 10 horas por tres pesetas, la experiencia que luego plasmaría en Tea Rooms. Mujeres obreras, un título publicado en 1934 bajo la categoría de "novela-reportaje". El hijo con el que pasaría la guerra y con el que huiría a Francia, sabedora de que su compromiso con el PCE le traería problemas. El hijo que, a los siete años, cruzaría el océano con ella para entrar a México por Nuevo Laredo (Tamaulipas), el 23 de mayo de 1939. En los documentos expedidos por el Servicio de Migración mexicano se leía "exiliada política". El hijo que descubriría luego que su madre había sido una pionera, escritora y periodista cuando a las mujeres les era imposible la entrada en el oficio, fichaje del primer holding editorial de España, defensora del voto femenino y de la República. El hijo que quedó huérfano en 1964, en un accidente de tráfico del que salieron ilesos él mismo y el poeta Juan Rejano, pareja de Luisa. Ella tenía 59 años.  
 
Ese hijo sigue aún vivo, con la memoria intacta pero dificultades para hablar. Lo hace por él su hijo, Juan Ramón Puyol, portavoz de la familia en este lío. "Está muy contento de descubrir todo esto alrededor de su madre. Está desbordado de emociones", cuenta. Durante años, la trágica muerte de la abuela —que empezaba, después de muchos esfuerzos, a hacerse un nombre en tierras mexicanas— fue un tabú: "Ahí fue cuando te das cuenta de que algo así, que son estadísticas de fin de semana, te marca para toda la vida". El trauma familiar empezó a sanarse en torno a 2002, cuando el historiador Antonio Plaza aparece en escena. Les propone entonces recuperar la novela El eslabón perdido para la serie Biblioteca del exilio de la editorial sevillana Renacimiento, dedicada a la recuperación de los autores que huyeron del fascismo. "Lo que consigue Antonio", dice Puyol, "es abrir la caja en la que mi padre había guardado las cosas de Luisa. Muy poco a poco, con paciencia, porque mi padre la tenía en un altar". Una vez abierta, ya no hay vuelta atrás.   

Con el beneplácito de la familia, Plaza siguió investigando y publicando sobre ella: su teatro, su compromiso social, su reivindicación de los derechos de la mujer trabajadora... La pasión de este profesor del instituto Blas de Otero de Madrid se acabó contagiando. Por ejemplo, a la filóloga mexicana Iliana Olmedo, que publicó en 2014, de nuevo con Renacimiento, una reelaboración de su tesis en Itinerarios del exilio. La obra narrativa de Luisa Carnés. La familia veía con sorpresa cómo se editaba una completa semblanza de la abuela con datos que en ocasiones ellos mismos desconocían. Pero faltaban los lectores alejados de lo académico que no frecuentarían necesariamente una colección dedicada a la recuperación histórica. No era un salto pequeño. 

El siguiente eslabón sería David Becerra, crítico literario que asistió, afortunadamente, a la conferencia de la profesora Raquel Arias Careaga sobre Tea Rooms "cuando ni de la novela ni de la autora apenas casi nadie sabía casi nada". Era 2014, que Juan Ramón Puyol ha bautizado ya como "el año Luisa Carnés". No solo se publicó el libro de Olmedo, también vio la luz en Renacimiento De Barcelona a la Bretaña francesa, crónicas de exilio de la autora. Y la asociación de libreros de segunda mano Lance decidió publicar, para festejar el 80º aniversario de la muerte de Luisa Carnés, su Tea Rooms en edición facsimilar y tirada minúscula. Becerra pudo hacerse con uno de aquellos ejemplares. "Comprendí por qué había sido olvidada, triplemente olvidada: por comunista, por exiliada y por mujer", dice. "El canon literario español del siglo XX se construye —conviene no olvidar las relaciones entre canon e ideología— durante el franquismo, y el canon que hemos recibido ha dejado fuera —ha expulsado, podríamos decir— toda una tradición literaria realista, social, comprometida."
 
Justamente de esto hablaban, en el tercer tiempo de una presentación allá por 2015, Becerra y los editores de Hoja de Lata. La conversación les llevó de la obra de Upton Sinclair, en la que los tres trabajaban, hasta "la necesidad de rescatar a los autores que viven en los márgenes del canon". Becerra les habló de una magnífica novela que acababa de leer, una rareza entre la ficción y el periodismo que miraba a las invisibles obreras de los años treinta. Daniel Álvarez y Laura Sandoval le hicieron caso y la leyeron. "Alucinamos hasta tal punto que alteramos totalmente la programación del semestre", cuenta él. La cadena se puso en marcha. Llamaron a Becerra de inmediato, que a su vez llamó a Plaza, que a su vez llamó a Puyol. "Fueron todo facilidades, ilusión por hablar de la obra de la abuela", recuerda el editor. Lo que no imaginaban era la respuesta del público. 4.000 ejemplares vendidos, un éxito absoluto para la editorial, para el mundo de los libros independientes e incluso para el mundo editorial en general, cuya tirada media es de 2.800.
  
"Tea Rooms habla de temas que desgraciadamente son hoy parte de nuestro día a día. Cuando la leemos, estamos haciendo un ejercicio de recuperación de nuestra memoria histórica literaria, pero esta lectura del pasado nos conecta de inmediato con nuestro presente", analiza Becerra. En su opinión, esta es una evidencia de que las novelas sociales, tan denostadas por cierta parte de la crítica, no han perdido "ni la razón de ser ni el interés". Una demostración de ello es la apuesta de Hoja de Lata por recuperar trece de sus mejores relatos, dos de ellos inéditos y encontrados en la cartera que la escritora llevó con ella al exilio como su posesión más preciada. "El gran riesgo que corre Luisa es que sea autora de una sola obra", reflexiona Álvarez. Por eso hay sido especialmente exigentes con la calidad de los cuentos, que no podían "decepcionar a los lectores de Tea Rooms". Después de la experiencia, hay una pregunta que sobrevuela sus cabezas: "¿Cuántas Luisas Carnés habrá por ahí, acosadas por el olvido?". 

Juan Ramón Puyol lleva un año dedicado por completo a la abuela. Presentaciones, entrevistas, ferias del libro. Se ha sumergido aún más en la obra de Carnés, esa presencia fantasmal de la primera infancia. Ha recorrido las calles que ella pisaba haciendo cuentas: ¿dónde vivió Luisa? ¿Cuál era la cafetería de la que habla en Tea Rooms? Hace poco, recopilando datos para instalar la placa dedicada a la escritora, se plantó ante el número de la calle Lope de Vega en el que parece que vivió. "Según íbamos subiendo la escalera, ascendiendo en la buhardilla, te das cuenta de que estás metido en un cuento", recuerda. Se refiere a "En casa", un relato de 1950 editado en Trece Cuentos en el que la autora describe el regreso de un preso a su hogar. De alguna manera, Puyol estaba también volviendo a casa. La presencia física de la abuela, sin embargo, y por mucho que se acerque a su escritura, se desvanece. "Confías demasiado en la literatura", le dijo la escritora Laura Freixas. Los Puyol Carnés no podrán recuperar nunca del todo a la abuela perdida. Los lectores —la lectora que pasaba con avidez las hojas de Tea Rooms en el metro— sí lo han hecho. 

ABC- Luisa Carnés, la escritora que no salía en la fotografía de la Generación del 27

Inés Martín Rodrigo

Si les pido que enumeren a algunos de los integrantes de la Generación del 27, es probable que se les vengan a la cabeza ciertos nombres, la mayoría masculinos: Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda… Si acaso, y gracias a la labor de la cineasta Tània Balló, recordarán, además, a las integrantes del conocido como grupo de «Las sinsombrero»: María Teresa León, Rosa Chacel, María Zambrano, Ernestina de Champourcín, Concha Méndez, Josefina de la Torre… Pero si les menciono a Luisa Carnés, ¿les suena? Seguramente no. Y, sin embargo, se trata de una de las grandes autoras de aquella corriente que marcó, para siempre, la historia más reciente de la literatura española.

Afortunadamente, su olvido está siendo reparado, en parte, por Hoja de Lata, una pequeña editorial independiente con sede en Gijón. Fundada hace ahora cuatro años por Daniel Álvarez Prendes, un librero que decidió capitalizar así el paro cuando se quedó sin trabajo, Hoja de Lata publicó el año pasado «Tea Rooms. Mujeres obreras», una de las grandes novelas de Carnés, y acaba de editar «Trece cuentos» (1931-1936), una aproximación a la narrativa breve de la autora que incluye cuatro relatos hasta ahora inéditos. Esta última obra cobra aún mayor valor si tenemos en cuenta que los cuentos fue lo único que la escritora llevaba consigo cuando tuvo que partir al exilio con lo puesto.
«El volumen que ahora publicamos tiene el valor literario de pertenecer a la misma pluma que “Tea Rooms”, pero también el valor humano de representar lo que la propia autora quiso salvar de la debacle: relatos mecanografiados y corregidos por ella misma», asegura Álvarez Prendes. Cuando Luisa Carnés cruzó la frontera francesa por La Junquera, en 1939, sólo se llevó una cartera de piel -reproducida en estas páginas- que contenía los originales de su narrativa breve y que su familia encontró intacta, cuarenta años después.


Cubierta de «Tea Rooms»
Cubierta de «Tea Rooms»
Cubierta de «Trece cuentos»
Cubierta de «Trece cuentos»
Pero, ¿cómo llegaron los editores de Hoja de Lata a esta «mujer fuerte y libre, preocupada por poner su obra al servicio de su mundo»? Lo hicieron a través de David Becerra Mayor, profesor de Literatura en la Universidad de Lieja (Bélgica) y autor de «La Guerra Civil como moda literaria», publicado hace un par de años por Clave Intelectual. «Coincidimos con él en una presentación en Barcelona y nos dijo que estaba entusiasmado con “Tea Rooms”», recuerda Álvarez Prendes. Poco después, se hicieron con la edición facsímil de la obra, limitada y numerada, que la Asociación de Libreros de Lance publicó en 2014 gracias, sobre todo, al empeño del profesor Antonio Plaza, uno de los que más ha hecho por recuperar la figura y la obra de Luisa Carnés.

Una recuperación emocionante

«Alucinamos con lo que contaba y cómo lo contaba y quisimos que estuviera presente, el año pasado, en la Feria del Libro de Madrid», recuerda el editor. El propio Plaza les puso en contacto con la familia de Carnés, cuyo único hijo aún vive, y la edición de «Tea Rooms» de Hoja de Plata estuvo lista en mayo de 2016. «Tenemos una relación muy chula, cibernética epistolar, con su hijo. El proyecto de recuperación está siendo muy emocionante, tanto para la familia como para los editores, los lectores y los estudiosos», asegura Álvarez Prendes.

Aunque Luisa Carnés escribió «Tea Rooms» en 1932 y la publicó en 1934, el editor de Hoja de Lata destaca la «preocupante vigencia que tienen sus planteamientos». Se trata de una novela, de marcado carácter social, en la que su autora se sirvió de sus experiencias como camarera en un salón de té en el Madrid de la época. «Muchas de las personas que nos hacen llegar comentarios son chicas jóvenes, “sinsombreros” del siglo XXI», confiesa Álvarez Prendes. Es el caso de la escritora María Folguera, que hace apenas unos días explicaba a ABC cómo le impresionó la lectura de «Tea Rooms», a la que emparentaba, directamente, con «La colmena».

Origen humilde

Y es que Carnés sabía de lo que hablaba, y por ello lo escribía. Nacida en 1905 en el seno de una familia humilde y obrera en el madrileño barrio de Las Letras, a los once años empezó a trabajar en un taller de sombrerería. Una «Sinsombrero» que comenzó a ganarse el pan, tan escaso en aquellos días, en una tienda de sombreros… Paradojas de una vida que, pese a los apuros económicos, Carnés dedicó en cuerpo, pero sobre todo en alma, a la escritura. «A los once años aprendí un oficio. Entonces, quizás, surgieron en mí las inquietudes, que aún no me han abandonado, las preguntas a las que todavía no he hallado contestación. ¿Por qué las mujeres se odian entre sí tan terriblemente?», aseguraba, en una entrevista publicada en la revista «Crónica» en marzo de 1830. En esas mismas páginas confiesa que en 1923 cogió «la pluma por primera vez para hacer un cuento» y que, como no se podía «gastar un duro en un libro», se alimentaba «espiritualmente con los folletones publicados en los periódicos y con las novelas baratas» y así fue ascendiendo «hasta Cervantes, Dostoievski, Tolstói...».

En 1928, Luisa Carnés publicó su primera novela, «Peregrinos del calvario», a la que siguió «Natacha» (1930), ambientada en un taller textil en el que trabajó durante un tiempo. El año de la aparición de esta última obra coincide con su entrada, como taquimecanógrafa, en la editorial Compañía Iberoamericana de Publicaciones (CIAP), donde conoció al dibujante Ramón Puyol, que poco después se convertiría en su marido. Al estallar la Guerra Civil, Carnés se centró en su labor como periodista militante hasta que, acabada la contienda y con la derrota del bando republicano, se exilió en México (se salvó de terminar en un campo de refugiados en Francia gracias a una petición del Gobierno de Lázaro Cárdenas), donde siguió escribiendo hasta su muerte, en 1964, víctima de un accidente de tráfico.

Inclusión en el canon

Pese a que la semana pasada, un gran sello se puso en contacto con Hoja de Lata para incluir a Luisa Carnés en un libro sobre literatura española escrita por mujeres, el objetivo de los editores es «que pase a formar parte del canon, como autora fundamental de la novela social de la preguerra». Si bien Álvarez Prendes considera que su olvido se debe al «hecho de que era mujer y una de las perdedoras de la guerra», la escritora Marta Sanz añade otras razones, como «una militancia comunista que durante mucho tiempo se ha considerado torticeramente incompatible con la posibilidad de tener un estilo o una “calidad” literaria, y el hecho de escribir ciertos textos muy arriesgados, genéricamente inclasificables, híbridos, como es el caso de la novela-reportaje “Tea Rooms”, cuajada, por otro lado, de fragmentos líricos.

Elena Medel: «Su voz es la voz firme de una trabajadora, de una mujer de familia muy humilde y clase baja, obrera, que habla en primera persona»
En este sentido, la poeta y editora Elena Medel, que con el proyecto «Cien de cien» está recuperando a las autoras silenciadas de nuestra historia, considera que «en la mirada de Luisa Carnés» hay «una diferencia» que a ella le interesa «mucho»: su clase social. «La voz de Carnés es la voz firme de una trabajadora, de una mujer de familia muy humilde y clase baja, obrera, que habla en primera persona sobre su experiencia. El núcleo “oficial”, en todos los sentidos, de la Generación del 27 lo integran autores de clase social acomodada, que han disfrutado del acceso tanto a la universidad como a la cultura. En el caso de Carnés o de Lucía Sánchez Saornil, por ejemplo, deben compaginar sus estudios, si lo consiguen, con el trabajo para mantener a su familia, y no acuden a ciertas reuniones de los intelectuales de la época por una razón muy sencilla: están trabajando. No aparecen en la fotografía, de manera literal. Su origen y su condición las expulsa».


En cualquier caso, Medel considera que «este redescubrimiento de Carnés, y de otras compañeras de Generación, nos está permitiendo ubicarlas en un canon que las había marginado», aunque reconoce que «sería interesante» valorar su figura en la historia de la literatura española «dentro de cinco o diez años». De momento, el Ayuntamiento de Madrid tiene previsto instalar una placa en el número 35 de la calle Fernández de la Hoz, en el barrio de Chamberí, en honor de Luisa Carnés.











Fuente: http://www.abc.es/cultura/libros/abci-luisa-carnes-escritora-no-salia-fotografia-generacion-27-201706110104_noticia.html

jueves, 25 de mayo de 2017

Esfera pública discursiva 4

Tras leer y analizar el capítulo “El lugar de la crítica” del libro La cena de los notables de Constantino Bértolo,  el artículo “La técnica de un crítico en trece tesis” de Walter Benjamin y dos columnas de Ignacio Echevarría publicadas en El Cultural  (“Muerte de un crítico” y “Críticas
negativas”), debatimos en clase acerca de la función de la crítica literaria en la actualidad, nos interrogamos acerca de su pérdida de autoridad o credibilidad, y sobre sus estrechas relaciones con el mercado literario. Presentado por Pauline Blachère, participaron: Alexis Castagna, Philippine Sauvage, Chloé Dupont, Burçin Koç et Pauline Lebon.








Amenizaron el debate las siguientes canciones: “En cueros” de Buena Fe, “Humito de copal” de Lila Downs y “Ya quisiera yo” de Ismael Serrano.


Escúchalo en 48FM: https://www.mixcloud.com/48FM/esfera-p%C3%BAblica-discursiva-la-critique-litt%C3%A9raire/

sábado, 20 de mayo de 2017

Esfera pública discursiva 3

Tercera edición del programa de radio "Esfera pública discursiva". 

Tras leer y analizar "El dinero en la literatura" de Émile Zola y Qué hacemos con la literatura, debatimos en clase acerca de la relación, igualmente polémica, entre literatura y dinero, entre literatura y mercado. ¿El dinero emancipa al escritor de la humillación del mecenazgo, como argumentaba Zola, o, al contrario, conlleva nuevas formas de servidumbre? ¿Qué efectos tiene sobre la literatura que esta se inserte en una sociedad dominada por el mercado? ¿Debe subvencionarse el trabajo del escritor por parte del Estado o hay que dejar que la literatura la escriba la mano invisible del mercado? Estas y otras preguntas fueron debatidas en nuestro segundo debate radiofónico. Presentado por Mathilde Scius, participaron: Kim Chalon, Claire Leburton, Megan Rebordinos García, Eva Agelakis y Laura Grolet.

Amenizaron el debate las siguientes canciones: “Se acabó el dinero” de Moneda dura, “Poderoso caballero es don dinero” de Paco Ibáñez y “Cultura y compromiso” de Los Chikos del maíz.




Escúchalo en 48FM: https://www.mixcloud.com/48FM/esfera-p%C3%BAblica-discursiva-litt%C3%A9rature-et-march%C3%A9/

domingo, 7 de mayo de 2017

Jornadas Interancionales "Una asamblea de Quijotes, un batallón de voluntarios con gafas. El Congreso de Escritores Antifascistas 80 años después (1937-2017)

10 de mayo, en la Universidad Complutense de Madrid.
Conferencia ""'Defiéndannos, ustedes que saben escribir'. Alejo Carpentier en la Guerra Civil española", en el marco de las Jornadas Internacionales "Una asamblea de Quijotes, un batallón de voluntarios coon gafas. El Congreso de Escritores Antifascistas, 80 años después (1937-2017)".




domingo, 2 de abril de 2017

Le rêve de Cassandre -- Mediapart.fr

La liberté d'expression est en danger en Espagne. Cassandra est une fille espagnole qui vient d'être condamnée à un an de prison pour avoir fait –selon la décision judiciaire– l’apologie du terrorisme. Ces condamnations résultent de la publication sur Twitter de quelques blagues où elle se moquait de Carrero Blanco, un des derniers présidents du gouvernement espagnol sous la dictature de Franco.

Escena pública discursiva 2

20170324_151156Segunda edición del programa de radio "Esfera pública discursiva".  

Tras leer y analizar No tan incendiario de Marta Sanz y  Un pistoletazo en medio de un concierto de Belén Gopegui, debatimos en clase la relación, siempre polémica y discutida, entre literatura y política. ¿Qué es literatura política? ¿Toda literatura encarna un posicionamiento ideológico a pesar de su aparente neutralidad? ¿Qué es la verosimilitud domimante? ¿Puede la literatura intervenir/transformar el mundo? Estas y otras preguntas fueron debatidas en nuestro segundo debate radiofónico. Presentado por Anaïs Michiels, participaron: Justine Aerts, Mélissa Almas, Patricia Bolbos, Katlheen Lecrompe, Juliette Pirenne y Anamaria Popovics.

20170324_151132En esta edición, las canciones fueron: "Revolucionando" de Orlis Pineda, "Calma pueblo" de Calle 13 y "Te doy una canción" de Silvio Rodríguez.

Escúchalo aquí: https://www.mixcloud.com/48FM/esfera-p%C3%BAblica-discursiva/

miércoles, 29 de marzo de 2017

Atlántica XXII - Entrevista sobre La Guerra Civil como moda literaria

David Becerra en Oviedo. Foto / Pablo Lorenzana.

David Becerra (Granollers 1984) es doctor en Literatura por la Universidad Autónoma de Madrid y en la actualidad profesor de Literatura Española en la Universidad de Lieja. Su tesis doctoral, convertida en el libro La Guerra Civil como moda literaria, es un afilado y pormenorizado estudio de la literatura española reciente sobre la guerra. Estuvo recientemente en Oviedo invitado por la asociación cultural La Ciudadana y el local Cambalache. Colabora con la editorial asturiana Hoja de Lata y ha sido uno de los responsables de la reedición por ésta de la novela Tea Rooms. Mujeres obreras, escrita en 1934 por la madrileña Luisa Carnés, una autora olvidada por su condición de “mujer, exiliada y comunista”.

Diego Díaz / Historiador.

¿Qué tienen en común la mayoría de las novelas actuales que hablan sobre la Guerra Civil?
La guerra se ha convertido en un escenario muy común, pero que tiende a ser poco más que un telón de fondo para narraciones de intriga, amor o aventuras que en general suelen estar muy despolitizadas. Los protagonistas de la mayoría de las novelas españolas recientes ambientadas en la guerra suelen ser personajes despolitizados, presentados como personas normales y comunes, sin demasiada conciencia social, atrapados en un conflicto armado que muchas veces se trata por parte de los novelistas desde la equidistancia, borrando su carácter político. Que hubiera muchas personas despolitizadas en 1936 no debería ocultar la clave política que está en el origen del conflicto. Parece como si los autores hubieran asumido esa idea conservadora de que hemos llegado a “el final de la historia”, un presente afortunadamente “aburrido y democrático”, como dice Almudena Grandes, y por eso proyectan en el pasado también a personajes no politizados que se parecen más a nosotros.

Parece una reivindicación de esa llamada “Tercera España”, democrática, liberal, republicana, pero no revolucionaria, que también se ha puesto de moda.
La “Tercera España” es un concepto de Santos Juliá que viene a decir que entre unos y otros acabaron con la República. Es un concepto tramposo y equidistante que iguala a golpistas y resistentes. Hay que recordar que la República no era un bando, era el Gobierno legítimo contra el que se levantaron los golpistas.

¿Cuándo comienza ese boom de novelas sobre la Guerra Civil?
Más o menos yo lo sitúo entre 2003 y 2004 con la publicación de La voz dormida, Soldados de Salamina y Los girasoles ciegos. En 2004 sube el número de novelas publicadas ambientadas en la contienda y hay escritores de prestigio como Muñoz Molina, Almudena Grandes o Eduardo Mendoza que se suben a esta moda literaria, que solo comienza a descender a partir de 2010. Parecía que la moda literaria de la Guerra Civil iba a ser sustituida por una nueva moda de novelas sobre la Transición democrática, pero creo que el 15-M con su impugnación del relato oficial sobre la Transición ha detenido esta corriente.

¿Hablar de moda literaria tiene algo de peyorativo?
No. Trato de recoger ese término como algo objetivo, es decir, como algo que funciona dentro del mercado literario y tiene unos códigos comunes y reconocibles.

Nin y el POUM
¿Es posible separar la calidad literaria de una novela de su contenido político? ¿Cuál sería una novela sobre la guerra interesante desde el punto de vista estético, más allá de sus valores políticos?
No creo que exista esa distinción tan clara entre lo político y lo literario, que podamos aislar ideología y literatura. Soldados de Salamina es una muy buena novela desde el punto de vista de los productores del gusto literario, pero ideológicamente es una suerte de revisionismo histórico, no a lo César Vidal o Pío Moa, tan burdo, pero sí de forma intelectualizada termina poniendo en el mismo lugar a víctimas y verdugos. Creo que si una novela funciona bien políticamente y construye una noción de memoria fuerte, es porque también funciona bien desde el punto de vista literario. Una buena novela sobre la guerra debería mostrar la continuidad que ha habido en España entre quienes ganaron la guerra y quienes a día de hoy detentan el poder, en lugar de concluir con el “final feliz” de la Transición, que es a donde nos conducen muchas de las obras de esta literatura reciente. La mayoría de los autores no viajan al pasado para transformar el presente, sino que lo miran como algo lejano, que no nos pertenece y que está definitivamente concluido.

¿Ejemplos de esas buenas novelas políticas sobre la guerra?
Lunas de agosto de Justo Vila Izquierdo, Otra maldita novela de la Guerra Civil de Isaac Rosa, Los rojos de ultramar de Jordi Soler y Maquis de Alfons Cervera.

Dentro de esta moda literaria de la que habla, parece haber otro subgénero que son las ficciones que tienen que ver con la guerra dentro de la guerra en la zona antifascista, el POUM, mayo de 1937 y las purgas estalinistas en España.
Probablemente sea un efecto de la película de Ken Loach Tierra y libertad y del interés despertado a raíz de ésta por el secuestro y desaparición de Andreu Nin, el fundador del POUM. Lo curioso es que muchos de los abordan en sus narraciones la cuestión del POUM no lo hacen porque sean trotskistas o simpatizantes de Nin, sino por anticomunismo. No les interesa tanto reivindicar la memoria del POUM como convertir al comunismo y a la URSS en el antagonista de la narración, en la que el franquismo desaparece.

¿Y el cine sobre la guerra?
La sensación es que hay muchas películas españolas sobre la guerra. Recuerdo aquel gag en una gala de los Goya en el que el Gran Wyoming proponía entregar a Franco el Goya honorífico por su contribución al cine español. Creo de todas formas que quedan muchas más por hacer. Faltan películas que piensen políticamente la guerra.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 48, ENERO DE 2017